Memorias de un Elefante

Viajes en lunes y… qué es un matatu? (I)

Hoy ha sido un día increíble, un día que probablemente no olvidaré en mucho en tiempo. Me levanté sin saber que iba a ser de mí. A las 7:00 mi despertador sonó, ya estaba algo despierto pues algunos vecinos madrugadores ya me habían indicado que el desayuno empezaba en breves mediante sus voces y portazos, no os penséis que es una queja, simplemente señalo que desde mi habitación se oía todo. Yo, perezoso de mi, retrase el despertador 10 min, de los cuales solo aproveche 5 porque la luz que se colaba por la ventana terminó por desvelarme. Ya en pie, me acerque al desayuno donde me encontré con Fernando, nos saludamos y ¡si!, hoy había premio: huevos fritos. Me puse uno nada mas con un pan que mangué de por ahí y me lo termine solo mientras Fer iba a ultimar su maleta pues hoy se volvían para España.

huevo marco

Acabado el desayuno era el momento de empezar a jugar con mi suerte, así que decididamente tomé el teléfono y llame al Father Francis. Él, amablemente, me dijo que si le podía pasar con el cooker del lugar y yo pues: of course father! Tras una bonita conversación en swahili de la que no entendí ni papa, el cooker me pidió un taxi, yo fui a terminar la maleta y quede con él a las 8:00. El taxi llego a las 8:30, monté y ¡directo a la aventura! Tenía indicaciones de montarme en un matatu, sobre el cual os hablare más adelante, destino Meru. Cuando llegamos a la estación el taxi driver me ofreció un descuento, bueno en realidad fui yo quien se lo pedí, bajo la condición de que sería mi taxi driver para el aeropuerto.

Una vez fuera del taxi, yo no podía quitar el ojo de la maleta, trate de incluso montarme con ella entre mis piernas, pero digamos que las leyes de la física me lo impidieron. Básicamente demostré el principio de que no es posible meter un maleta en una furgoneta para 5 en la que van 7 y con un hombre, llamémosle bien nutrido, al lado. Así que la maleta se tuvo que ir al maletero, que  bueno, en cierto modo, era su lugar. Yo seguía sin quitar el ojo a la maleta cuando un terrible dolor de cuello me empezó a recorrer el cuerpo, y es que mi cabeza chocaba contra el techo del vehículo. Fue entonces cuando me percate de que aún ni nos habíamos movido. Estaba claro, ¡había que llenar el matatu! Tras esta insoportable espera en la que me sentía un agente vigilando a un bandido, llego el momento del cobro y ¡ay! Listo del taxista que me vio mzungu (para aquellos no adentrados en el swahili, mzungus somos los europeos) y me intentó cobrar de más por llevar una maleta. La verdad es que estuve rápido y seriamente le dije que eso se lo había inventado, la verdad es que ese momento no sabía quién de los dos ganaría el órdago porque cierto es que era el único que llevaba un pedazo maletón en ese vehículo, además de la mochila que estaba entre mis piernas. Resultó que jugué bien las cartas y pague el precio justo. Es entonces cuando comienza el gran viaje.

matatu marco

Todo iba más o menos bien teniendo en cuenta que iba con la cabeza girada y los codos del compañero encima, pero eso formaba parte de montar en matatu, os lo recomiendo, toda una experiencia. La diversión comenzó cuando de repente el vehículo empieza sospechosamente a perder velocidad y yo ingenuo de mí pensé: seguramente alguien se tenga que bajar, habrá una parada o algo. Que divertido fue cuando veo que el vehículo está parado en la carretera y no arranca. No gasoline, no travel. Por suerte terminó funcionando y pudimos llegar con dificultades a una gasolinera que estaba cerca, recargamos y ¡a por todas! Ya nada podía salir mal, estábamos full of gasoline y empecé  a coger gustillo a la posición que había adoptado pues por suerte se colaba por la ventanilla una ligera corriente de aire. Pero… ¿de verdad os creéis que eso fue todo? Ilusos, una barrera de clavos, literal, una barrera de clavos en medio de la carretera y unos policías no con una pistolita sino con un rifle de asalto, nos mandaron detener el vehículo. No os voy a mentir, a mí me pareció divertido… al principio, luego ya no tanto. Fue entonces cuando vi la perfecta ocasión para hacer  migas con mi simpático amigo de viaje cuya sonrisa no se había borrado de su cara desde que monto al matatu. Which is the problem? Pregunté con mi excelente acento español. Respuesta. Ytyryg wubc corruption en excelente acento africano. Os aseguro que solo dijo tres palabras y una de ellas era corruption, las otras dos serán siempre un misterio. Tras esta triunfal intervención (y otra que había probado en la gasolinera) decidí que mi querido compañero de viaje no se había subido al matatu para hacer nuevos amigos. Podría contaros muchas más cosas del viaje, e incluso explicaros también cómo se relacionan gravedad y velocidad en un matatu: si la cuesta es hacia abajo, no problema, si es hacia arriba, digamos que el efecto se invierte; pero no quiero aburriros. Vayamos a cuando llegue a Meru…

(continuará)

El contador de arena

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