Memorias de un Elefante

Viajes en lunes y… qué es un matatu? (II)

Bajé del coche y me asaltaron, mm yo calculo que 15×20, kenianos del lugar, yo no es que fuera a malas, pero todos se parecían mucho y yo no sabía quiénes eran los buenos y quienes los malos y esto lo digo porque todos me pidieron llevarme la maleta. Yo por mi parte, me aferre a ella y no la solté ni un momento. Luego, me di cuenta de que los que me estaban pidiendo la maleta era porque trabajaban en lo que podíamos llamar compañía de matatus, de hecho se me olvidó deciros que mi matatu era un luxury one. “Take a seat”, me repetían, pero yo me quedé de pie clavado como una clavo aferrado a mi maleta.

maleeta marco

Tras el barullo y varias llamadas sin contestación, conseguí encontrarme con el Father Francis que venía en su todo-terreno a salvarme. Me invitó a tomar algo ahí cerca y pusimos rumbo a la misión. Realmente no fuimos directamente a la misión sino que paramos a hacer algunos recados en el banco y en alguna tienda de por allí, fue entonces cuando en otro de mis impulsos de hacer amigos saludé un pequeño niño africano de 3 años que estaba con su madre. Resultó que cuando le pregunte la edad a la madre usando la famosa expresión inglesa Jauwol is ji, su madre me dijo que era she y yo uff vaya lo siento.

Podría intentar explicaros ahora en qué consiste la misión pero creo que aún es pronto para hacerlo. Así que me ceñiré a lo que vi. El Father me llevo a un orfanato. Creo que ha sido la mejor experiencia de mi vida pasar ahí la tarde. Cuando los vi por primera vez estaban todos ellos rezando el rosario, todos se quedaron alucinando al verme pasar. El Padre me enseñó un poco el lugar y luego volvimos donde los niños, me hizo pasar y me presentó, luego me dejó allí con ellos. Terminé de rezar el rosario mientras todos volvían su cabeza para mirarme, yo les sonreía, algunos me sonreían y otros se giraban asustados. Cuando acabamos, fuimos a lavar la ropa, ahí empecé ya por fin a trabar algunas pequeñas amistades, había dos posibilidades que el niño me sonriera y saludara o que se fuera corriendo y es que los más pequeños apenas hablaban inglés.

niños

Estuve con varios y me enseñaron todo el sitio, los animales, el río, me daban la mano y me preguntaban cosas. Era increíble, todos querían estar a mi lado. Me impresionó mucho que un niño al que yo veía así de los más mayores, 14 años tenía, me cogió también la mano. Cuando volví de dar un paseo con algunos de ellos, me puse a jugar y les enseñe a lanzar el fresbee. Se reían y disfrutaban  tanto con sólo un fresbee. Luego hicieron un duelo de bailes. A partir de ahí, algunos ya empezaron a coger más confianza, se sentaban a mi lado y me cogían de la mano y me empezaban a acariciar el brazo.  La verdad es que por mucho que intente escribir, es imposible trasladar la sonrisa de todos aquellos niños a este papel, como me miraban y como sin conocerme me querían. Tras la cena todos querían enseñarme sus clases y que me sentase con ellos a hacer los deberes. No puedo describir como me sentí, pero te das cuenta de que no hacen falta tantas cosas para ser feliz, yo veía su sonrisa en sus caras, alegres de contarme y preguntarme todo cuanto querían. Pero yo, yo sí que era realmente feliz.

Habría mas cosas que contar tras la vuelta del orfanato a la habitación donde estoy ahora escribiendo, pero las dejo para que el que lea esto y quiera saber más me pregunte. Por el momento creo que es hora de irse a dormir.

matricula marco

El contador de arena

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