Memorias de un Elefante

Días de fútbol y de gloria

El tiempo en Kenia pasa volando. Por una parte, parece que fue ayer cuando baje del avión; por otra, parece que llevo ya un mes aquí viviendo: son tantas las cosas nuevas que he hecho desde que llegue.

6:30 suena el despertador. Today is the national day of Kenya!! Como de costumbre lo retraso unos minutos, esta vez hasta menos 10, el tiempo justo para vestirme, lavarme un poco la cara y acercarme a misa. As usual, un montón de niños del colegio de al lado de la parroquia (donde estaba hasta el momento viviendo) llenan las primeras filas.

Acabada la misa, tiempo para el desayuno. Bueno vamos a avanzar un poco más rápido la parte aburrida y vayamos directamente a lo interesante. Father Francis me lleva a Shalom (the orphanage), con la maleta ya hecha porque me cambio de habitación. A partir de ahora ya no dormiré más con Father Francis sino que estaré en Shalom con los niños.

Llegamos pues al orfanato y me reúno con los niños. Digamos que todo iba a bien hasta que sonó la campana. Time for games!! Los niños me preguntan: Are you going to play football with us? Y sinceramente no pude negarme. Así que volví a mi habitación a dejar la guitarra. Sí, yo que no tengo ni idea de tocar la guitarra, me he hecho un hueco en las emisoras de Kenia: aunque sueno bajito y de madrugada.

Total, que dejo la guitarra y tal como iba me acerco a donde juegan los niños que está a 5 minutos andando. Por el camino me asaltan dos Keniatas del lugar con dos cuchillos como brazos, bueno en realidad no me asaltaron, pero fue lo que me vino a la mente cuando vi a dos jóvenes Kenianos sentados al borde del camino con dos cuchillos y recalco como brazos. Yo por mi parte, cerré los puños y saque pecho intentando mostrar toda la confianza que me quedaba. Pase el mal trago y llegue al campo de fútbol. Si era de hierba, pero no artificial. Al principio me mostré tímido y miraba desde la banda junto a otros niños y teachers del orfanato como jugaban los mayores (aquellos que trabajan en masonry y carpentry). Os comento, en Kenia hay tres marcas de calzado deportivo: con zapatos, sin zapatos y con un zapato; sí, sí, lo que oís, había algunos jugando con una sola zapatilla, de hecho, uno llevaba la del pie derecho y otro la del pie izquierdo. Sonó el silbato final y entraron los más pequeños a jugar, me insistieron y no me quedó más remedio que entrar. Pensé si ellos pueden, yo también, así que más chulo que nadie me quité los zapatos y entré descalzo al terreno de juego. Antes de empezar a correr tanteé un poco el terreno: mm tierra y hierba, espero no pisar ninguna piedra – pensé (luego más tarde me daría cuenta de que ese no iba a ser mi mayor problema).

Comenzó el partido, balón para allí, balón para aquí. Sentía mucha presión, tenía mucho que demostrar, desde que llegué había descubierto que lo único que sabían los Keniatas sobre España es que son los mejores del mundo a fútbol. No podía defraudar. Así que pensé: ¡allá voy! En seguida me sentí cómodo con el balón, corría, arriba y abajo, pase para aquí pase para allí, hasta olvide que iba descalzo. Había en un extremo unas vacas que yo pensé se encontraban fuera del campo, que sorpresa cuando un balón voló largo y se coló entre ellas. Los niños no se cortaron, sólo les falto regatear a la vaca. Ya había entrado en calor cuando… Oh no!!¿Por qué tuve que verlo? ¿El qué, preguntáis? Pues digámoslo de forma educada: el campo estaba abonado. Ahora dejémoslo claro: Una gran cagada de vaca estaba en medio del campo, y yo corriendo de arriba abajo descalzo… ¿la habría pisado? Me miré los pies disimuladamente. Dije bueno me mantendré en la otra parte del campo y sin problema. No, no fue así. Un pase me llegó y como os he dicho, no podía defraudar. Regatee, corrí, esquive la caca, pero el balón fue a parar a donde las vacas, muy cerca de la portería, no dudé, ¡salté! Y allí estaba yo, jugando al fútbol entre las vacas y entre cagada y cagada. Por suerte, arriesgue y gane porque no tuve que pisar ninguna.

Tras este emocionante encuentro deportivo era la hora de ir a Nairobi. No tuve tiempo ni para ducharme. Father Francis me montón en un coche con otras dos personas y alaa! A la aventura. A los diez minutos de estar en el coche oscureció. Repito oscureció, no se veía nada de nada! Y yo estaba montado en un coche con dos personas que veía por primera vez camino a Nairobi. Los ojos se me cerraban, me dormí. Cuando desperté, paramos a cenar. La cuenta corrió a mi cargo. La verdad es que no recordaba haber dicho que invitaba yo pero estaba tan dormido que podía haberlo hecho perfectamente, en cualquier caso me estaban llevando a Nairobi así que no pregunté. Eso sí el refuel si que corría a mi cargo o quizá a cuenta del tío. Me dormí de nuevo.

A las 11:30 llegamos, había descubierto en la cena que esta noche la pasaría en casa del hombre este, así que baje del coche y subí. Me indicó cual era mi habitación y me dijo que el driver (el otro hombre que venía con nosotros) dormiría conmigo. Me enseño el baño. Oh el baño, no me corte y le pregunte si podía darme una ducha. Rece para que hubiera agua caliente porque lo que menos me apetecía en ese momento era más frío. Asintió y si hubo suerte hot water! Jaja pero que os pensáis que pude darme la ducha a gusto? Pues sí, creo que ha sido la mejor ducha que me he dado desde que llegue porque el agua salía con un poco más de presión que lo normal, aunque eso sí, me la di a oscuras porque no había luz, con la puerta entreabierta, ya sabéis, TIA (This is Africa). Froté y froté hasta que el jabón se partió, literal, no es una expresión que me haya inventado.

Tras esta reconfortante ducha, decidí que tenía algo que escribir, así que cogí el ordenador y me vine al “salón” donde se encontraba la hija de este hombre viendo la tele. El hombre me ofreció Krest bitter lemon. Y es que aquí no puedes rechazar nada, así que aquí estoy ahora, escribiendo esto y tratando de beberme esta estupenda bebida que me han regalado (aunque entre vosotros y yo: la verdad es que no creo que me la acabe). Tras escribir un poco, me he puesto a hablar con Ann, la hija del hombre este que me ha contado un montón de cosas sobre Kenia. Después ella se ha puesto una horror movie y yo he continuado con mi laboriosa tarea de resumir un poco el día de hoy para que no quede en el olvido. Sin duda, omito muchos detalles y muchos otros los recordare ahora cuando me vaya a la cama, pero por el momento creo que es suficiente, ya que ahora mismo soy el único en pie en esta casa. Es la 1:57 am y un servidor, desde Nairobi, se despide!

El contador de arena

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