Memorias de un Elefante

1. Zandvoort, Ciudad de Vacaciones

June, 24

Preparados, listos, ¡YA! Abróchense los cinturones porque esto va a comenzar. Sentado; respaldo vertical; la mochila, como siempre, entre mis piernas; al lado, L; motores encendidos; el avión comienza a moverse. Cierro los ojos por un momento; tres, dos, uno, el avión va a despegar.

Ladies and gentleman your attention, please. Algo no va bien. ¿De verdad pensabais que iba a ser tan sencillo como un simple tres, dos, uno y a volar? Ja ja ja… ilusos. No sabemos la razón, pero los pilotos se están tomando su tiempo para despegar. No parece nada grave, que no cunda el pánico. Tranquilos, L y yo, comenzamos una amistosa conversación. Ajenos a lo que está pasando, tratando de matar el tiempo que durará este pequeño imprevisto que se quedará en nada.

Obviamente, no se quedó en nada.

El avión despega una vez comprobado que todo está bien. Ahora sí, ya en el aire, veo como el mundo se va haciendo más pequeño poco a poco… o más grande, depende de cómo lo mires. Atravesamos las nubes, parece que somos los únicos en el mundo. Sí, solo nosotros, los pasajeros del vuelo KL 1704, en la inmensidad del cielo. Se respira tranquilidad. Tranquilidad interrumpida por la pareja de detrás del avión comentado la jugada. Dos hombres que se acaban de conocer. Dato importante uno de ellos es ronero. Comentan que el Gintonic se ha puesto de muy de moda últimamente, pero él no lo soporta.

1. RON

El vuelo es tranquilo, casi tranquilo. A las 20:15 de nuevo suena esa voz misteriosa, proveniente de todas partes, dicen que es del capitán del avión, yo no me lo creo. No habla como los capitanes de barco que he visto en las películas, no, ese hombre no puede ser capitán y sino que me digan dónde ha conseguido la licencia.

Nuevas noticias. Todos los vuelos anteriores a las 21:30 quedan fuera de nuestro alcance. Esa hora me resulta familiar.

¿L, a qué hora es nuestro vuelo? A las 21:00. Ya sabía yo que me sonaba. Intercambiamos impresiones. L piensa que podemos llegar, son las 20:30 ahora y ya se ve Amsterdam desde el cielo. La bajada ha comenzado. Propongo un picado (un descenso en picado para aquellos no familiarizados con el lenguaje de aviador). La azafata me mira extrañada. ¿Acaso ella tampoco sabe que es un picado? No hay forma de contactar con el capitán para que acelere. Ya os decía yo que ese tío no es de fiar ¡Tenemos que llegar! Propongo a L y al resto del avión animar al capitán voceando al unísono: para ser capitán de primera, acelera, acelera… Algo falló en mi explicación pero no caló entre los demás. Me quedó resignado en mi asiento. Son las 20:45, L, por su parte, sigue pensando que estamos a tiempo de coger nuestro siguiente vuelo. Ya sabéis, la esperanza es lo último que se pierde. Salimos del avión, nos encontramos con V, que viajaba un poco más adelante.

1. AVIÓN PICADO

Tratamos de aceptar que hemos perdido nuestro avión. ¿Qué hacemos? Nos dirigimos hacia la oficina de KLM. Una simpática azafata se encarga de conseguirnos asientos en el próximo vuelo a Nairobi. Es a las 11:45, eso cambia nuestros planes ya que llegaríamos a las 20:00. Yo, mientras tanto, trato de contactar con mi contacto en Nairobi. V propone coger el vuelo de las 21:00 del día siguiente. Well thought V! Así en lugar de cambiar todo, ya que si cogíamos el vuelo de las 11:45 tendríamos que pasar la noche en Nairobi, podemos seguir adelante con el plan. Vuelo reservado, la azafata con una sonrisa nos dice que no nos preocupemos, all is included: hotel, meals, transportation. Ya sólo nos queda ir a la siguiente oficina que está más abajo a que nos den el hotel.

Bueno, oye, ni tan mal, un día de regalo en Amsterdam. Yo, mientras tanto, he contactado con Fridah. Resulta que nuestro hombre-taxi se había pedido el día libre de trabajo para llevarnos mañana al llegar y no sabe si podrá llevarnos un día más tarde. La cosa se complica un poco, por el momento prefiero no decir nada para no preocupar.

Llegamos a la siguiente oficina, una cola considerable, medio avión exigiendo hotel. Estamos al final de la cola, ya sabéis estas colas que parecen que no avanzan. Yo me he ido un momento para contactar con el boss y ponerle al tanto. Cuando vuelvo, L y V ya no están en la cola. Hablan con una azafata, así como otros pasajeros. Me dicen que no hay hotel, que está todo lleno y que básicamente nos busquemos la vida. El boss me dice con buen criterio que nos lo pongan por escrito. L y yo volvemos a la cola. V, por su parte, se dedica a dar la brasa a azafatas varias. Cada una le suelta una película diferente. Llegamos a la conclusión de que nos están timando. Así es, cada poco, cuando las azafatas ven que la cola se llena en exceso por pasajeros que van llegando, mandan a una a que les suelte el cuento de que no hay habitaciones disponibles y dispersan a mitad de la cola, tal cual, alucinante. V nos avisa. Dudamos, ¿perder la cola otra vez? Nos fiamos de V. Entramos a la oficina donde atienden a los jefazos, sky priority. Tomo el mando, no estamos dispuestos a perder nada. Conseguimos tickets canjeables en el aeropuerto para comer mañana. Al final tenemos que ceder en la transportation, eso sí, por escrito. Salimos del aeropuerto tras tres horas de intensas negociaciones y colas. A V no le gustan  las colas y lo ha demostrado.

Salimos del aeropuerto. Yo, como buen macho del norte, llevo justo un polo. Parece que en Holanda no hace tan bueno como en Madrid, al menos por la noche.

Siguiente cosa, buscar transportation. Un taxi espera a la salida, nos montamos. L, delante, V y yo, atrás. Le enseñamos la dirección del hotel. El taxista no tiene ni papa, el taxímetro está contando. 5 euros y aún no nos hemos movido. Recordamos que la transportation corre a nuestro cargo. Pido que reinicie, se niega. Esta no me la ganas taxista avaricioso, le decimos que nos bajamos, V me apoya. El taxista se pone nervioso, telefonea a alguien para que le indique. Reinicia el taxímetro y lo para. Nos ponemos en marcha. No sé quién va más rápido, si el taxista o el taxímetro. ¡Ey! Llegamos a Amsterdam. Espera un momento taxista, nos lo estamos pasando, ¡eh! ¡eh! Que Amsterdam está más atrás, carretera oscura, el taxímetro va por los 45 euros y subiendo.

Zandvoort, ciudad de vacaciones. Este “pequeño” pueblo holandés es el encargado de nuestra pequeña acogida. El hotel pinta bien. Estamos hambrientos, pero son casi las 00:00 y la cocina ya está cerrada. Preguntamos por algo abierto que esté cerca. Una pizzería parece ser la solución. Subimos a la habitación a dejar nuestras cosas. Decido chequear con el boss. Servicio de habitaciones me propone, ¡good idea boss! Dos pizzas y dos spaghetti pedimos. Bajamos a dar una vuelta por el hotel, ya que tardaran unos cuarenta minutos aprox. Al bajar nos encontramos con alguien que habla español, uno de los recepcionistas. Cambio de planes, la comida la vamos a pedir a la pizzería para que nos la traigan. Más rápido, más barato, en definitiva, “más mejor”. Decido probar algo nuevo, ya sabéis que me van las emociones fuertes, pido una pizza de una carne que se debe de comer mucho en Holanda con sus variadas salsas, L apuesta por pizza de espinacas para recuperar fuerzas después de este duro día y V se decanta por todo un clásico, una peperoni.

1. HABITACIÓN HOTEL

Volvemos a las habitaciones. Tratamos de mantenernos despiertos como podemos, es más de la 1:00. Llegan las pizzas. Comemos, intercambiamos trozos. Bueno seamos sinceros, de la de espinacas sólo tomó L. Es hora de despedirse, V y L abandonan la habitación. Decido poner todas mis cosas en orden. Va siendo hora de irse a dormir, apago la luz y me quedo pensando que nuevas cosas me deparará Zandvoort, ciudad de vacaciones.

El contador de arena

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