Memorias de un Elefante

2. El Fresamóvil

June, 25

Tin, tin, tin. Suena el despertador. Me revuelvo. Tengo todo el cuerpo dolorido, no preguntéis por qué. Me arrastro hasta la ducha. Mis ojos se empiezan a abrir por momentos. ¿Sabéis esa sensación de tener que hacer algo y no tener ni la más mínima gana de hacerlo? Pues ahí estaba yo, más dormido que antes de acostarme, luchando por llegar a tiempo al desayuno. Quizá debería afeitarme… ¡Que narices, si soy un imberbe! Me pongo la ropa rápidamente y me encuentro con L en el pasillo. Vamos hacia el ascensor. Click. Botón pulsado, esperamos. Mira mejor bajamos por las escaleras que son dos pisos. Llegamos al comedor, la encargada está saludando en inglés pero conmigo hace una excepción, “algo morgen” me suelta. Debe ser que ya estoy totalmente integrado en la fauna de Zandvoort. Cogemos una mesa y V se encuentra con nosotros al momento. Ya estamos los tres, los tres reunidos de nuevo. Es momento de planear, de hablar sobre cómo sacar el máximo provecho de este día. Rápidamente dejamos nuestras habitaciones y nos dirigimos a la playa que hay al lado del hotel. Una playa enorme, de verdad, no exagero. Yo, que estoy acostumbrado a las grandes playas de España, como La barrosa entre otras, encuentro esto como algo alucinante. La vista se me pierde entre los millones de granitos de arena. Al fondo el mar, la inmensidad del océano. Pienso que es una pena que el tiempo no acompañe porque, sin lugar a dudas, apuesto a que Zandvoorf será el próximo Ibiza o Marbella (esperemos que no).  Tiempo de moverse, como buenos nómadas cargamos con nuestras mochilas y nos dirigimos hacia la estación de tren. De camino nos cruzamos con una auténtica pista de carreras de coches. ¿Qué más se puede pedir?

2. PLAYA

Una vez nos hemos peleado con la máquina de los billetes de tren, nos subimos a uno que esperamos nos lleve a nuestro destino. Próxima parada: Harlem. De Harlem salimos para Amsterdam Central. Un tren increíble de dos pisos, con vagón silencioso incluido, nos transportará durante este segundo tramo. Como no, nos montamos en el silencioso, haciendo gala de nuestro gran respeto y admiración por el silencio. Aprovecho que hay wifi para ver cómo están las cosas en Nairobi, parece ser que se van arreglando y que sí que nos recogerán mañana en el aeropuerto pero que el precio ha subido. 

Pues ya estamos aquí, ¡Amsterdam! Toda una marabunta de bicicletas está a punto de atropellarnos. Montones  de semáforos coordinados a la milésima permiten una circulación ordenada entre un montón de peatones, bicicletas y coches. L conoce Amsterdam y será nuestra guía. A lo lejos veo lo que parece ser una iglesia, ya sabéis por las cruces y las campanas. Estuve entre una iglesia y un centro comercial, pero decidí arriesgar. Nos dirigimos hacia allí, ciertamente lo era. Basílica de San Nicolás. ¡Bien! Hemos encontrado a Papá Noel, ya sabía yo que andaba escondido por algún  lugar de estos. Coincide que se celebra una misa en los próximos minutos, nos quedamos. Tratamos de repetir con todo el convencimiento del mundo las respuestas en holandés, pero no hay forma.

2. PAPA NOEL

Terminada la misa, ya estamos listos para  ponernos a buscar las famosas letras de “I amsterdam”. Vamos conociendo Amsterdam de camino, la verdad es que tiene buena pinta, está todo muy ordenador y muy limpio, y ¿sabéis que? ¡Les encantan las patatas fritas! Todo parece más o menos normal, ¿todo? No, todo no, ahí, entre las sombras, asoma algo totalmente inesperado, hemos descubierto el fresamóvil. Permitidme deciros que aunque aún no se haya hecho ninguna película de él, Superfresa es el mejor superhéroe que existe. Batman y Spiderman sólo están en los comics y en las pelis, pero os aseguro que Superfresa existe de verdad y tenemos pruebas.

2. FRESAMÓVIL

Seguimos caminado, empiezo a notar el peso de mi mochila y es que no sé si es que me entro complejo de Doraemon o que cuando la preparaba pero es que tenía de todo. A falta de un ordenador, un ipad y dos móviles con sus respectivos cargadores, varios cuadernos, estuche, un neceser, y una larga lista de cosas que no tengo tiempo para enumerar ahora. Por fin, llegamos. ¿Todo esto para tres letras rojas y siete blancas? No me lo puedo creer. Nos sentamos, pero resulta que hay un parque cerca que L dice que está muy bien. De nuevo, sale a relucir nuestro espíritu aventurero, ese espíritu que te hace no perderte nada, que te mueve cuando estás cansado, que te propulsa a ver todos los cuadros del museo, que no puedes perderte ni uno, el que te hace caminar horas y horas para no dejarte ninguna iglesia por ver. Ese espíritu, en definitiva, toca narices que cuando lo único que te apetece después de un largo viaje es descansar un rato y olvidarte de todo, te manda al quinto pino a ver unas letras de pacotilla, pero mira, ya estamos aquí, así que veamos el parque también. Ahora sí que sí, nos tiramos en la hierba, enfrente de un  lago con un cisne de cartón flotando en medio. Son casi las tres ya. En breves habrá que volver. V y L no se lo piensan, volvemos en tranvía.

2. AMSTERDAM

Llegamos a la estación y de nuevo a luchar con las máquinas de los billetes. ¡Conseguido! Tenemos billete, rápido, rápido que el tren se va. Ya estamos, de nuevo camino del aeropuerto, de nuevo al campo de batalla. Discurso motivador durante el trayecto para afrontar la pelea. Bajamos. Directos a la oficina de KLM a reclamar nuestra independencia, digo, nuestro dinero. De nuevo nos toca esperar, cogemos turno. Parece que el tiempo no pasa, casi puedo oír las agujas del reloj sonando lentamente, tic-toc, tic-toc. Esperamos, esperamos y… ¿sabéis qué? Esperamos. B134, A100, A101, B135, A102, A103, B136. Ya llega, ya llega nuestro número, nos preparamos, B137. Adelante, vía libre.

-Disculpe, nos gustaría reclamar el dinero que hemos tenido que gastar en transporte debido al retraso del vuelo de ayer que nos hizo perder nuestro siguiente vuelo.

-Use the internet

-De acuerdo, muy amable, pero nos gustaría hacer la reclamación ya, por aquí. No tenemos internet

-Sólo se puede hacer por internet

-Disculpe de nuevo, pero están obligados a hacernos la reclamación

-Si. Por internet

-Por favor amable azafata, no tenemos más dinero, no tenemos internet, no tenemos scanner y queremos nuestro dinero ya. Lo necesitamos.

La conversación empieza a tensarse un poco. Nos invitan a irnos por primera vez

-De verdad, que necesitamos que nos devuelvan el dinero o que nos hagan la reclamación.

-Esta conversación ha terminado. Váyanse. (Segunda vez)

-En ese caso pónganos por escrito que no nos van a hacer la reclamación, por favor.

-No podemos

-Tengo el derecho de pedir por escrito su negativa a facilitarme esto.

-Que se vayan (tercera vez)

Como podéis ver a pesados no nos gana nadie. La oficinista dice algo en holandés a la chica de al lado, que se levanta y ya con tono autoritario, mirándonos desde arriba nos suelta que nos vayamos a freír espárragos, básicamente. La oficinista que nos estaba atendiendo acaba por abandonar su puesto y ahí nos quedamos. No tenemos otro remedio que irnos.

Bueno lo hemos intentado. Hora de ir a la zona de embarque y comer un poco. Tenemos 25 euros en cupones para los tres, así que vamos a por lo seguro: un mcdonals. L decide innovar un poco y se busca una ensalada que había por allí. Pagamos, buscamos una mesa y nos sentamos. ¡Ey! Estamos de enhorabuena, varios carteles colgados por nuestras mesas rezan WIFI ZONE. Ingenuos. Os contaré cómo funciona el internet en el aeropuerto de Amsterdam. Tienes un supuesto free internet que va a tres por hora y solo durante media hora. Oye, que eso no es todo, que te puedes volver a conectar media hora cuando se te acaba. ¿Por qué no te puedes conectar una hora seguida entonces? Pues para tocar las narices, así si estás enviando un correo que se toma como tres minutos para enviarse del todo, justo se te acaba la media hora y tienes que volver a empezar, y eso si tienes suerte y estabas en la primera media hora, porque sino mm vas mal. Así, que ahí estaba yo luchando por enviar un correo a Nairobi con más presión que el Madrid en la final de la Champions, y que conste, que a mí no me dieron prórroga.

Ya son las 19:30, hora de encontrar la puerta de embarque. Atención, control. ¡Mierda! ¡Yo no he estudiado nada! Paso la mochila. Paso yo.

-¿Tienes un ordenador en la mochila?

Pongo cara de niño bueno que no ha hecho nada. –Sí-

-Tienes que ponerlo en una bandeja aparte

-¿el ipad también?

-Sí, todos los aparatos electrónicos que tengas

Pienso, para mis adentros: pues vamos buenos, como tenga que sacar también los cables. Desmonto mi mochila por completo: ordenador, 2 móviles, ipad, ipod…

Paso yo. Pi, Pi, Pi, Pi. ¡Vaya! Si antes no pité, ¿qué ha pasado? Ahh, resulta que saco todo y me dejo el iphone en el bolsillo. Venga, tercer intento, tú puedes, ánimo, la afición está contigo. ¡Great, I did it!

Y ahora a esperar. La sala de espera está repleta de todo tipo de gente, tratamos de buscar un sitio pero es imposible. Por suerte, nos llaman rápido. A ver, a ver, Kenyan airways pinta bien. Nuestro sitio está al final del avión. V, L, y yo, por fin, aquí estamos, cada vez más cerca de aterrizar en África. Cada vez más cerca de descubrir un nuevo mundo. Cada vez más cerca de presenciar algo que sin duda, de una  u otra forma, nos cambiará para el resto de nuestras vidas.

 

 

El contador de arena

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s