Memorias de un Elefante

7. Onion for free

July, 1

Quizá es tarde, quizá no. Me sensación de cansancio no va acorde con el reloj, puede que se deba a la fantástica cena que nos hemos tomado hoy en casa de Rita o puede que no. Pero, volvamos al principio.

7. TIRED MAN

Mi cara sigue roja, roja como un pimiento, puede que incluso más que ayer. Estoy completamente hundido en mi colchón pero el día empieza y es hora de empezar a moverse. Tras varios intentos fallidos de montar en el todoterreno de Rita, nos vamos a Nkubu en matatu. De nuevo en uno de estos después de tanto tiempo. Os echaba de menos, pequeños. Como siempre, el matatu no defrauda. Tras unos kilómetros nos paramos, hay un hombre en la carretera extendiendo la mano, V piensa que es el peaje. Abre la puerta y se sube, se sube, como no, al asiento del copiloto donde curiosamente ya había una persona sentada, sin embargo, no parece importarle demasiado. Esta vez el viaje es al ritmo africano. Escuchábamos en la radio las mismas melodías que los habitantes del Bronx. De nuevo mi cuerpo empezó como a moverse. Al principio eran pequeños espasmos, casi no se podían percibir. El ritmo empezó a subir, no podía parar y acabe votando en el coche. Incluso me marqué un ¡paz, colega! a unos transeúntes cuando pasábamos por algún pueblo.

Nkubu es el típico pueblo de Meru. Un montón de gente apiñada va de un sitio a otro intentando hacer negocios. De verdad os lo digo, si buscáis algún relaciones públicas veniros a África porque no hay mejor sitio donde te vendan las cosas. Tras contemplar zapaterías, tiendas de electrónica y carnicerías, decidimos adentrarnos en… EL MERCADO.

7. EL MERCADO

Sin embargo, no sabíamos muy bien donde estaba así que decidimos preguntar:

-Where is the market?

Vaya este no sabe inglés.

-Where is the market?

Esta nos mira con cara rara.

-Si, el market de Nkubu.

-Ah, sí, sí, estáis en Nkubu

-Si, pero el market, donde esta?

-Si, si, you are in NKubu

Vale, muchas gracias por la información. Seguimos por nuestra cuenta y al final lo localizamos.

Eso sí que es aprovechamiento de espacio y no los planes de urbanismo de los ayuntamientos españoles. Patatas, cebollas, sandías, bananas, cientos y cientos de alimentos repartidos por todo el lugar. Empezamos tímidamente para acabar convirtiéndonos en la atracción principal, hasta el punto de que a L y a mí nos quisieron sacar una foto con su móvil. Pero el momento tenía que llegar, el momento decisivo, el momento en el que demostraríamos si somos hombres o no: el regateo.

Era preciso comprar potatoes and onion pues habíamos prometido una spanish omelette a los checos. Y allí vamos:

-Queremos cinco patatas y una cebolla

Momento de  negociación. Al final sólo se oía decir a V

-onion for free, onion for free!

IMG_5675

La mujer se partía de la risa, se partía de la risa porque estaba a punto de hacer el agosto a nuestra cuenta, pero nosotros con bajar unos céntimos nos sentíamos unos héroes. Luego, como no, las chicas decidieron probar suerte con una tropical fruit bastante curiosa que a mí me recordaba un montón a los peces de las profundidades, estos que tienen como una linternita en la cabeza y muy mala uva.

Hechas nuestras compras era hora de volver a la casa para cocinar. Hay que buscar un nuevo matatu. De nuevo, siempre con algo para sorprender. Klara y Francis se van al maletero. L, Kendi y yo en la parte de atrás y V adelante. V, ya sabes lo que dicen, donde caben dos, caben tres. Y más cierto que nunca, V experimentó en primera persona lo que se siente cuando van dos en el asiento del copiloto.

Time to cook.

Algunos como yo se estrenaban en el arte de la tortilla española, otros como V habían ya experimentado más veces. Sin embargo, el fuego Keniano no es como el español y nuestras patatas se empezaron a freír a toda velocidad. Pues patatas fritas. Menudo lujo, estaban buenísimas. Ahora sí que sí, tortillita para comer y como no en horario español, ya que nos llevó lo suyo hacerla. Los checos como que pasaron un poco y prefirieron comer a la una, como todos los días.

Tras una excelente comida había dos posibilidades, irse a dar un paseo o ver una película. Jaja ¿a qué sabéis que hicimos? Pues no, os equivocáis, nos fuimos de excursión.

Porque aquí parece un buen camino, andamos y andamos hasta que un tremendo río cortaba nuestro camino, hasta cocodrilos me pareció ver. Bueno en realidad, era un riachuelillo de nada, que con un poco de equilibrio fuimos capaces de cruzar de piedra en piedra. Adelante, adelante, siempre hacia delante.

-¿Qué es eso? ¿lo has visto?

Algo se mueve a lo lejos, de color negro, con un poco de blanco en la cabeza. Se ha vuelto a mover, se ha ido hacia lo árboles. Nos acercamos movidos por una especie de fuerza entre el miedo y la curiosidad. Cuando llegamos a unos troncos que atraviesan el camino a diferentes alturas nos paramos. Es por aquí, por dónde nos pareció ver eso que se movía.

-¡eh! ¡mira! ¡un mono!

7. MONO

Sí son monos. Unos cuantos monos, sólo un pequeño anticipo de los que veríamos más adelante. Tras estar en silencio un rato aguardando a ver si alguno se acercaba decidimos proseguir con la ruta. Caminamos y caminamos. En una de estas, en las que estábamos mirando entre los árboles, de espaldas al camino, oigo a L decir algo. Me giró. Vaya susto, un cuadrúpedo nos miraba de frente. ¿Estará hambriento? No os mováis. ¿por qué no se mueve? Agarro mi palo con fuerza. Si he de morir que sea yo el primero. Aparecen más y más. Estamos rodeados por cientos y cientos de, de… de VACAS. Pasan de largo. Deben de haber comido ya. Por los pelos. Seguimos la ruta, nos adentramos en pleno bosque. Los monos vuelan sobre nuestras cabezas. Lo que yo os decía, en la mismísima jungla nos encontramos.

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Damos la vuelta, no vaya a ser que anochezca. A alguien del grupo le dan escalofríos sólo de pensar que tenemos que pasar la noche ahí en medio… No daré nombres. Paramos en casa de Rita y le proponemos algo que no podrá rechazar, spanish omelette para cenar. Por supuesto todo tiene un propósito detrás, ver el mundial. Así que nos ponemos a ello. Montamos todo un master chef en la cocina de Rita. Las patatas vuelan, la cebolla se pica a la velocidad de la luz, las cerillas arden, los fuegos están listos. La tortilla será todo un éxito y a falta de una, dos. Los checos, mientras tanto, se ponen con la ensalada.

Y aquí estoy, viendo Argentina-Suiza rodeado de un montón de perros y gatos. Un gato durmiendo sobre un perro en mi espalda. Otro perro sobre mi pie derecho y un gato sobre el izquierdo. Totalmente inmovilizado por estos animalillos, al calor de la estufa, lucho por mantener los ojos abiertos.

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Como os decía, estoy cansado, muy cansado, tengo la cara roja y también los brazos. Pero chicos, THIS IS AFRICA.

El contador de arena

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