De playa en playa

3. The postcard

September, 4

Hoy escribo esa postal que ya jamás recibirás. Esa postal que compré tan sólo unos días atrás. Esa postal que ya estaba en la mesa y que ahí se quedará.

Esa postal que compré pensando sólo en ti. Y mira que soy tonto, que compré cuatro, pues tenía tantas cosas que contarte, que una no iba a bastar.

Tenía que contarte que jamás había conocido a nadie como tú. Que fue especial cada momento a tu lado y, aunque en nuestros enfados lo haya negado, tú, sólo tú sabes que es verdad. Sabes que ir a verte fue mi mayor deseo, y pensar en ti mi mayor entretenimiento. Que he jugado a escribir mil poesías que rimen con tu nombre, con tu color de pelo o con tu sonrisa. Y es que tu sonrisa no tiene precio, mirarte a los ojos provoca mi desconcierto y sentir tus brazos apretados contra mi espalda es mi único consuelo. Que escribir es la mejor forma que tengo de decir te quiero. Y que si bien estas palabras ya no valen nada, sabes que mi corazón está abierto.

Tenía que contarte que no siento nada de lo que pasó, que lo único importante era seguir creyendo. Que nos tropezamos y caemos, que fallar es humano pero ya estamos el uno o el otro para darnos la mano. Que personas tan especiales no existen tantas. Que no eres como los demás, que vales mucho más. Que soy un entrometido por intentar juzgar lo que has vivido, pero sé que tú corazón te dice que no puedes parar, que no te vas a conformar y que siempre vas a dar lo más.

Tenía que contarte que me has enseñado tantas cosas que ya no sé por dónde empezar. Que existe el amor por encima de todo lo demás. Que jamás se debe dejar de soñar. Y que quien se rinde jamás encontrará la felicidad. Que merece la pena luchar y que cuanto más esfuerzo empleas más satisfacción tendrás. Que las cosas bonitas se pueden improvisar pero una obra de arte tiene mucho trabajo detrás.

Y ahora ya no te lo podré contar. Porque ya te has ido, porque ya no estás y aquella postal jamás se enviará. Y, ojalá, que si lees esto, ya sea desde el cielo o desde la otra punta del mar, entiendas que jamás quise que las cosas acabarán mal. Que me duele que nuestra última conversación fuera un enfado y no un repertorio de todas las cosas que me parecen increíbles de ti porque entonces jamás habríamos acabado la conversación. Jamás habría pasado lo que pasó. Y hoy seguiría recitando aquella lista interminable sobre lo espectacular que eres.

Que puede que me creas, que puede que tal vez no, pero sí algo es verdad, es que sólo sé escribir desde el corazón.

El contador de arena

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