Desde Hong Kong con amor

3. De cookies&cream, por favor

Amanezco que no es poco y ni si quiera me planteo la posibilidad de llegar al desayuno. Me ocupo de asuntos varios y espero el momento oportuno. ¿El momento oportuno para qué? Simplemente, espero el momento.

A la una en punto, un coche nos esperaba en la puerta.

Al principio pensamos que iríamos en este coche.

Coche 1

Sin embargo, obviamente ese no podía ser. Era de Maki.

Coche 2

Tampoco tenía mala pinta el segundo. Pero, de nuevo nos equivocamos. Miramos a la izquierda y…

Coche 3

Esto no pinta nada mal. Pero antes de que montáramos, el chino del coche arrancó, por lo que dedujimos que aquel tampoco sería nuestro coche.

Coche 4

Sí, este es el nuestro, sin embargo, quitada la cubierta, no se veía tan bien como habíamos imaginado.

coche-viejo

Dos hombres, locales de Hong Kong, nos invitan a subir y darnos una vuelta. Por supuesto, no nos lo pensamos dos veces y montamos. Parece que el itinerario no está muy claro y nos preguntan que adónde queremos ir: ¿Stanley? ¿The Peak?

Pues casi que vamos a firmar un completo. Arrancamos y hacia donde nos lleve el viento. Tras una breve visita a la catedral católica de HK (y tan breve, pues ni si quiera bajamos del coche), empezamos el camino ascendente hasta The Peak. No sé si el hecho de que el sitio esté en la cima de una montaña está relacionado con que se llame The Peak (“El Pico” para aquellos no tan aventurados en el inglés) o es pura causalidad. En cualquier caso, no merece la pena pararse a discutirlo. Una vez arriba, somos capaces de ver todo Hong Kong. A un lado la peninsula, al otro todas las islas que forman esta curiosa zona del mundo.

Tras quedarnos alucinados por tan espectaculares vistas, somos llevados a un restaurante. La verdad es que comparado con los McDonals que solemos frecuentar, éste tiene pinta de pertenecer por lo menos al siguiente nivel, o dos niveles más o… incluso tres.

-Me parece que un plato de aquí nos va a costar lo mismo que toda la semana pasada junta comiendo en la uni.- Comentamos.

Analizo la carta, buscando cuál es el elemento en cada plato que me hará desistir de probarlo. Al final doy con el adecuado y, tras un pequeño debate sobre compartir o no compartir del que ninguno se aclara, me decido a pedir unos noddles japan style with eggs, chicken, spicy y alguna otra cosa que ya ni me acuerdo. Mister opta por una pizza margarita y nuestros dos colegas por una pizza hawaiana y un plato de pasta boloñesa. Yo, por supuesto, lo pruebo todo.

Una vez con el estómago lleno, nos sentimos con más ganas de dormir que de ser arrastrados hasta el próximo sitio. Y es que cuando uno acostumbra a comerse medio bocata y de repente le dan un plato entero, pues el efecto de la comida se nota en el estómago provocando esa especie de necesidad española de reconciliarse con la cama tras una intensa mañana de labor. Sin embargo, sin posibilidad de victoria, somos arrastrados hasta Stanley, desde donde podemos disfrutar del mar y del mercado, pero mejor aún, de un fantástico Haagen dazs.

De cookies & cream, por favor.

Cookies-and-Cream-2

Saborear esto no tiene precio. Y, literalmente no lo tuvo, ya que uno de estos amiguitos que acabábamos de hacer nos invito. ¡Qué simpáticos son estos chinos! Cualquiera diría que nos conocimos apenas hace unas horas.

Y proseguimos el trayecto hasta nuestra última parada: un pequeño castillo, antiguo hotel, al que todavía algunos acudían a pedir habitación, que había sido acomodado para acoger a una intrépida comunidad que se había hecho un hueco en el gigantesco Hong Kong. Y así, disfrutamos de un increíble final de tarde.

Y es que así es Hong Kong, te levantas sin saber dónde acabarás y por el camino te encuentras a dos simpáticos amigos que te llevan de excursión, te dan de comer, te acogen en su casa y te invitan a un Haagen Dazs. ¿A qué se debe esto? ¿Es China? ¿Es Hong Kong? ¿Es el hombre? ¿O tal vez se deba a que estos dos amiguitos sean unos miembros del Opus Dei que pasaron unas noches en casa de Mister durante su visita a España? No lo sé, nunca lo sabremos.

The Peak

El contador de arena

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