Desde Hong Kong con amor

4. El Chino de la Cara Azul

Se da la alerta en toda la ciudad. El viento se hace escuchar. Grita más fuerte que de costumbre, como queriendo llamar la atención sobre algún hecho especial. A él se unen manantiales de agua que en tan sólo unos segundos envuelven todo cuanto los ojos son capaces de alcanzar. Fuertes, contra la puerta de mi balcón, rompen como si fueran olas, las gotas de lluvia. Me asomo. El árbol de en frente se arremolina enfurecido pero por más que trata aguantar, el fuerte viento lo mueve a su voluntad. Varias ramas salen disparadas y van a caer en la carretera. El tifón está en pleno apogeo. Nivel ocho se oye decir. Se susurra que se han cancelado hasta las clases de la Uni. Así es confirmado minutos después por varias fotos que circulan por todo el medio social. Sí, lo que nunca pudo la poderosa nieve de León, ni si quiera los diluvios universales de Pamplona, el Tifón Kalmaegi lo ha conseguido en apenas unas horas.

Con la perspectiva de un día libre, me levanto con otro humor. No hay prisa, tampoco hay desayuno. Y es que si se cancelan las clases, se cancelan también los caterings. Pero bueno, que más da, no todos los días uno se queda sin clase. ¿Seguro que sin clase?

Time

Afortunado de mi, todas mis clases de los martes son por la tarde. Miro el reloj. Aún queda una hora para las once. No, la batalla aún no había acabado. Miro por la ventana. La lluvia continúa. Vamos pequeñín, no te vayas a desinflar ahora.

Trato de matar el tiempo leyendo alguno de los readings asignados. Sólo un cuarto de hora y seré libre. Pero no, nuestro pequeño amigo se había ido. Dejando por el camino no sólo un montón de ramas y desechos sino también los corazones rotos de muchos estudiantes con clases por la tarde, con seis horas de clase por la tarde…

Así que decido enfundarme en mis vaqueros y mis zapatillas y me dispongo a ir a la uni. Vuelvo a mirar por la ventana. No, desgraciadamente ya no llueve. Cargo con mi mochila, bajo las escaleras y me pongo en camino a la universidad. Apenas son cinco minutos andando. Pues bien, a los treinta segundos de abandonar la residencia. Un remolino de agua se forma en mis narices, duchándome por completo. No, no es que lloviera. Más bien es como si estuvieran tirando cubos de agua. Tengo la camisa más mojada que los tíos de los pósters. Pero lo bueno, es que esta vez seguro que no me pierdo, si quiero saber por donde he venido, siempre puedo seguir el rastro de agua que voy dejando a mi paso.

brad

Como me siento con suerte, decido probar una vez más. Tengo que ir a hablar con un profesor acerca de un problema que tengo con el registro de una clase. Miro el horario, sí, estamos de enhorabuena, tiene justo office hours ahora. Me voy hasta la otra punta del campus, lo cual al menos me sirve para ir sedándome aunque sólo sea parcialmente. Subo los diez pisos hasta la oficina. Llamo y…

-Din don.- Suena el timbre del despacho. Me abre un oficichino (término empleado para aquellos chinos que trabajan en las oficinas).

-¿A quién buscas?

-Eric…

Gira la cabeza.

-No, Eric no está.

Pero ¿por qué iba a estar?¿Cómo se me había ocurrido que estaría en sus office hours? ¡Qué barbaridad!

En fin, como ya me he venido hasta la Faculty of Business and Economics, decido resolver otra duda que llevaba cargando todo el día. Básicamente, como podréis ver en la foto de más arriba, si la alerta es más tarde de las 6:00 am se suspenden todas las clases anteriores a las 14:00. Sin embargo, curiosamente, en HKU las clases no empiezan nunca a en punto sino a y media y además suelen ser seguidas. Yo tenía una clase de 13: 30 a 16:20. Y, recientemente me habían mandado un email de otra asignatura diciendo que las clases de la 13:30 no se suspendían al final. La pregunta era sencilla.

¿Se suspende todo, sólo de 13:30 a 14:20 o nada?

Pues bien, para está sencilla pregunta. La primera oficichina u ofichina (en femenino se admiten ambas opciones) a la que me dirijo me señala a la oficichina de al lado, que a su vez, me da un teléfono y me hace contactar con otra oficichina al otro lado de la línea que me dice que debo contactar con el departamento correspondiente. ¿Sabéis lo que os digo? Que ya me da igual si hay clase o no, el tiempo que pensaba ahorrar preguntando si había o no clases ya se ha esfumado…

Ante tanta efectividad resolviendo mis asuntos decido que lo más prudente es quedar con Mister para almorzar. Y tras un breve almuerzo, me dirijo a comprobar por mi mismo si hay o no clase a primera hora. Sí, si hay, pero empieza media hora más tarde. Con lo fácil que hubiera sido suspenderlas todas…

Me toca, por lo tanto, asistir a una nueva e intrigante clase sobre Investments, en lo que a mi me pareció una especie de sótano, no tanto por la apariencia sino por la poca luz que había que te hacía apretar con todas tus fuerzas los músculos de los ojos (si es que los hay) para que estos no se cerraran. Quizá esto sea la explicación de los rasgos asiáticos porque de verdad os digo, que una hora más ahí metido, y salgo con los ojos más achinados que los propios chinos.

Tras esto, llega lo mejor. La clase esperada. Mención especial a Doble N por ser pionera e incitarnos a cogerla. Sí, Creativity and Business Innovation, pinta bien. De momento sólo sabemos que tenemos una pila de casos de Harvard, una serie de artículos académicos, un thinkPad y nuestro primer short essay. Atención al título porque no tiene desperdicio:

“This is why I am selfish and narcissistic and not as smart as I think I am. And this is what I’m going to do about it.”

Pero hoy estaremos por primera vez en la clase, hoy, por fin, veremos como todos nuestros esfuerzos, todos nuestros correos y llamadas, por entrar en una clase que ya no tenía plazas son recompensados.

El profe empieza fuerte nada más aparecer por la puerta. Cuando todavía ni si quiera se había sentado todo el mundo en sus respectivas sillas giratorias repartidas a lo largo y ancho de un aula sólo ocupada por mesas redondas y pantallas en los laterales, una chica cometió el error de principiante de tener todavía el móvil en la mano en una clase en la que no están permitidos los electronic devices.

-Guarda ese móvil, aquí no se pueden móviles…

Mientras el profesor prosigue su discurso anti electronic devices, ella, como para aliviar la situación deja escapar una sonrisa de perdón, de ingenuidad, de ¡uy, vaya despiste! A la que rápidamente el profesor se encarga de responderle con un seco:

-No sonrías.

Ingenua de ella pensaría: sí la clase aún no ha empezado. No, amiga, no, esto es Creativity and Business Innovation, aquí la clase empieza antes de que todo el mundo esté en su sitio.

Es entonces cuando se presenta un japonés que nos hace levantarnos de nuevo del asiento para saludar en japonés con una inclinación y las manos juntas. Sí, absurdo. Pero a partir de aquí la cosa se calienta. Otra chica de entre el público se presenta, nos intenta vender una excursión de meditación en un par de fin de semanas y como no nos ve muy convencidos, nos hace unir nuestros pulgares a nuestros dedos índices, cerrar los ojos y respirar al son de su voz. Nuestro profe se viene arriba y enciende el ordenador para que una música oriental empiece a fluir por nuestros oídos. Yo, que venía de tres horas de clase en un sótano sin luz y sin haber dormido siesta, lo único sobre lo que medite fue sobre dormirme del todo o partirme de risa.

A partir de entonces, ya abrimos los ojos y parece que la situación se normaliza. El profesor empieza a hablar. Me mira. Coge mi cuaderno, lo ojea. Está en blanco, lógicamente, lo compré hace dos días.

-¿Qué haces?

Con la posición más chulesca que me sale adoptar e intentando que no me tiemble la voz, respondo:

-Escuchar

Me llevo otra minibronca por no haber escrito en mi cuaderno alguna palabra chorra de las que había dicho minutos antes.

Y empieza la ronda de preguntas:

¿Que diríais si fuerais a morir en media hora?

Pitufo

Hay todo tipo de respuestas. Desde quien es feliz a quien le da miedo dejar sólo a su cobaya. Desde quien pensó en reencarnarse en gato a quien le gustaría ser un pájaro…

Le llega el turno a Mister, que ni le dejan responder como a tantos otros al tardar apenas un par de segundos en pensar la respuesta. Sin embargo, más tarde le volverían a preguntar. Y tras intervenir yo, me ganaría un archienemigo para el resto del curso. El típico motivado que se enzarzó conmigo a discutir llegando a decir que el sólo sabia ganar y que si tuviera que matarme, lo haría. Tss, aficionado.

Muchas más cosas se podrían contar sobre Creativity and Business Innovation, pero dejemos a la creatividad de cada uno el imaginar que más pudo pasar en aquella clase. Sólo uno cosa más, había un chino con la cara pintada de azul.

El contador de arena

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2 thoughts on “4. El Chino de la Cara Azul

  1. Pues a tenor de lo que cuentas se vienen días complicados en tu devenir académico. No descartes meditar de plano, los orientales son expertos en disciplinas alternativas. Me he divertido con tu post sobre tifones y vida universitaria.

    Te mando un saludo desde Buenos Aires.

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