De playa en playa

¿Casarse? Jamás

“Los matrimonios en España se reducen casi a la mitad en los últimos 35 años”. Así reza el titular de una noticia publicada por “El mundo” apenas hace un año. “La media de ruptura matrimoniales anuales en los últimos años es de 116.365”; asimismo “en 2011 se celebraron 163.338 bodas”.

Divorcio

Sin duda, casarse ya no está de moda. ¿Y por qué iba a estarlo? Esta institución que te encadena a otra persona de por vida se ha quedado atrasada. ¡Libertad! gritó William Wallace. Así gritamos nosotros ahora. ¡Que a nadie se le ocurra tocarme mi libertad! Porque sí, hoy te quiero pero… ¿y si mañana no? Mira, mejor déjate de cosas de la abuela y así nos ahorramos el papeleo. Además, ¿acaso un papel demuestra que te quiero? ¡Vamos hombre, que hoy el amor se demuestra de otras formas! Que España está muy atrasada, que hay que modernizarse, que la dictadura ya pasó. A la hoguera con el matrimonio, vivamos el amor. El amor real, ese que no necesita de forma, ni de papel, ese que no necesita esperar. Ese que es aquí y ahora. Ese que sabes que es cuando miras a la otra persona. Ese que te recorre el cuerpo y te hace decir: sí, le amo. Y lo sé, lo sé, jamás me había sentido así, ella es la chica de mi vida, él es el chico de mi vida ¿Esperar? ¿Para qué? ¿Matrimonio? No. Amémonos. Ahora.

Eso sí, que nadie se confunda que no estamos casados. Somos independientes, perfecto hombre y perfecta mujer. Nuestro cuerpo, nuestro amor, nuestras reglas.

La verdad es que suena muy romántico. Casi parece como en las películas. Pero volvamos a William Wallace, aquel tipo si que sabía de libertad. Casi tanto como nosotros, que por un lado decimos te amo y por el otro tenemos el pie en la puerta por si hay que salir corriendo. Y es que en serio, jaja ¿a quién se le ocurrió una idea tan absurda? ¿Para siempre? jaja, es bastante gracioso. ¿Yo? ¿para siempre? ¿para otra persona? La verdad es que asusta un poquito. ¡Libertad!

william

Y es que el matrimonio como la religión lo único que hace es una cosa: oprimir. Me resta independencia, me controla, me ata, me esclaviza… ¡Y la esclavitud ya fue abolida hace unos cuantos años! Paz y amor, y si me canso pues… ¡se acabó! ¿Sabéis lo que os digo? Que ni tú, ni tú, ni tú tampoco vais a decirme que hacer con mi vida. Y querida, ni si quiera tú, no, no, no es que no te quiera, pero ¿para qué firmar un papel cuando sabemos que nos amamos?

Mira esos de ahí. Están casados, ¿no lo ves? Están sacrificando parte de su libertad. Ya no son libres, ya no son William Wallace.

Pero, ¿qué es la libertad? ¿Acaso la libertad no es poder elegir, hacer una elección? ¿De qué sirve tanta libertad si al final no elegimos? Tristemente, vivimos en una sociedad que ha entendido la libertad como el número de posibilidades. Cuantas más posibilidades mejor. No nos gusta cerrarnos caminos, nos da miedo seguir una dirección, preferimos quedarnos en el medio. Siempre con una escapatoria por la espalda. Y entonces, yo me pregunto ¿quién es más libre? ¿Aquel que puede pintar su casa de miles de colores pero no escoge ninguno por si acaso no le acaba de convencer? ¿O aquel que escoge un color y decide pintar su casa? Sin duda, a este último la libertad que tiene le ha servido para algo. Sin embargo, el otro no se da cuenta de que por miedo a perder su libertad, la está, en realidad, perdiendo.

Matrimonio

Y también me pregunto ¿quién es más romántico? ¿Aquel que se compromete para siempre, pase lo que pase; o aquel que no se atreve? Porque casarse no va de escribir en un papel que ahora te quiero, casarse va de decirle a la otra persona: siempre estaré ahí. No importa qué, quién, cómo, dónde ni cuándo. Y si mañana se te cae el pelo, te seguiré queriendo. Y si mañana estás con unos kilos de más, pues te acompañaré al gimnasio (pero con amor, por supuesto). Porque el amor verdadero no es un sentimiento momentáneo, es una promesa. No depende sólo de que ahora me gustes, es una elección. Es como cuando decides convertirte en jugador de fútbol profesional. Qué el día del partido te apetezca o no jugar es indiferente, lo que cuenta es que tú elegiste jugar al fútbol porque es lo que te apasiona. Así que sales al campo y lo das todo, día a día, en cada entrenamiento. Así es el amor. Una promesa. Una elección. ¡Libertad!

El contador de arena

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