Desde Hong Kong con amor

6. Un Alemán, un Canadiense, un Inglés y un Español

Un alemán, un inglés, un canadiense y un español se encuentran en el aeropuerto de Seúl a las 6:00 de la mañana.

Korea

Esto que podría ser perfectamente el comienzo de un chiste, y además de uno de los buenos; es, sin embargo, el comienzo de una semana llena de descubrimientos. Espera, ¿el comienzo? No, no. No queramos ir tan deprisa. Vayamos a lo que en verdad fue el principio.

“Se encuentran viajando en un tren un alemán y un español.El español, para romper el hielo y con ánimo de hacer amigos, le pregunta al alemán:

-Y usted ¿De qué parte de Alemania es?

El alemán muy amable le responde.

-Soy de Baden-Baden. Y usted ¿de dónde es?

El español, andaluz para más señas, le responde:

-Pues mire usted… yo soy del Puerto de Santa María-Puerto de Santa María.”

Al principio de verdad.

Un alemán, un inglés y un canadiense se encuentran en la new library del fabuloso Ricci Hall. Se llama new porque debió de hacerse una hora después que la “old” (que fecha del 1929) porque vamos lo que se dice new… Eso, o imita el estilo vintage con un realismo apabullante.

Pero no nos quedemos en lo superficial. ¿Qué sucede entonces? Pues está claro, que faltaba el español. Aún desconozco si fue el destino, el azar, tal vez la suerte o quizá el hecho de me dijeron: ¡Entra! La cuestión es que acabe sin quererlo dentro de aquella salita.

-What do you do? I said

-We are booking a fligh. They answered

-Ohh! I exclaimed

No hizo falta más. En menos de dos minutos me encontraba con mi ordenador colaborando en esa búsqueda incansable por conseguir la mejor oferta, el billete más barato. Sí, lo sé. Todos habéis experimentado ese momento, ese cara a cara con tu navegador, ese abrir mil y una pestañas para comparar mil y dos precios, para al final, levantar la mirada y con una sonrisa triunfante decir:

-Pues va a ser que todos cuestan una burrada.

Pero da igual, no te importa, porque persistes en está inagotable búsqueda que dará respuestas a muchos de los grandes interrogantes de la vida:

¿Tendré ventanilla o pasillo? ¿Habrá comida durante el viaje? ¿Podré quedarme con la manta?

Se han dado casos, de gente que ha desarrollado auténticos sistemas matemáticos para encajar en una sola ecuación todas estas variantes. Y es que no sólo variantes, pero te enfrentas también a auténticos trade-offs que desafían hasta al más brillante de los ingenieros, como el representado en la famosa curva de hora de salida y precio del billete.

-Mmm si salgo a las 5:00 de la mañana el billete sale considerablemente más barato. ¿Pero que narices hago hasta esa hora? ¿A qué hora se supone que me tengo que levantar para estar a tiempo en el aeropuerto? ¿Acaso merece la pena dormir?

Todo cuenta, todo vale. Todo parece estar en orden. Hemos encajado… , bueno para ser justos, han encajado cuatro billetes de avión a un precio considerable. Yo llegué tarde así que me limité a animar al equipo. No, no, por favor, no es que no quisiera ayudar pero ya sabéis, era mejor no introducir más variables al sistema.

Sonreímos. Lo hemos logrado. Nos abrazamos. Sí, deberíamos ir a celebrarlo. Y cuando todo parece ir de lujo, entonces aparece ese elemento que aunque hubieras querido no hubieses podido predecir.

-Hey guys… There are only three tickets left on one of the flights…

– Pero si hace nada había más de cuatro, ¿Qué ha pasado?

Por lo visto los billetes están bajando de cantidad y aumentando de precio a una velocidad merecedora de ser estudiada.

Hay un momento de confusión. Nadie se decide a comprar el primero. ¿Generosidad? No, ¡qué va! La cuestión es que cada cual estaba más acobardado ante el posible escenario de comprar un billete al mismo tiempo que se agotaban el resto, ser el único “primo” con billete de avión y que luego el “grupo” decida mejor comprar billetes para otro día o incluso otro lugar. A eso se le unía a que cuando intentábamos comprar los billetes, el mismo comparador que úsabamos todos nos redirigía a diferentes páginas para llevar a cabo la transacción. Páginas en las que no siempre aparecían los mismos vuelos. Resumen: un lío.

Entonces el Alemán que estaba ya un tanto cansado y con ganas de irse a la cama (eran sobre las once la noche, todo un logro para él) jugó un movimiento inesperado. Compró un ticket de otro vuelo que salía un pelín más tarde y nos invitó a comprar los otros tres cuanto antes mientras abandonaba el terreno de juego.

Cama

Nos miramos indecisos. Vale, usemos el mismo ordenador y compremos todos desde la misma página. ¡Sí! ¡Hagámosl…! Vaya, battery dying.

Subimos a todo correr a la habitación del Canadiense. Enchufa el ordenador. Entra en su pagina. Mete sus datos y…

¡Está hecho, está hecho! ¡Primer billete!

Oh no, la conexión a internet se ha ido. ¡Vaya!

-Try again, try again.

Lo vuelve a hacer todo. Click. Aceptar. Cargando. Hecho.

¡¡¡Great!!!

Venga va, el inglés, el inglés. Ahí va a toda velocidad también. Todo completo. Espera. ¿Hay conexión a internet? Sí, sí, corre. Click. Aceptar. Cargando. Hecho.

¡¡¡Nice!!!

Ya sólo quedo yo. Ya sólo queda él (el billete). La presión se empieza a notar en mis dedos acelerados que teclean a toda velocidad. Click. Aceptar. Cargando. Hecho.

¡¡¡Super!!!

Lo tenemos. Lo hemos logrado. ¡Qué tensión, madre mía!

Bueno, gran trabajo chicos. Habéis demostrado una gran efectividad. Nos vemos mañana. Good night.

Más contento que una perdiz el español se dirige hacia su habitación a disfrutar de su confortable colchón de 4,5 cm de grosor (acabo de comprobarlo, sí), no por ello menos confortable. Recoge las cosas, se pone el pijama, apaga la luz… Bing!
Un nuevo correo. ¿Qué será será?

Colchon

“Lo sentimos estimado Señor Español pero no hemos podido verificar su tarjeta de crédito y en consecuencia no se ha procedido con la compra de los billetes.”

Del salto que pego de la cama casi me doy contra el techo y creo que no es atrevido juzgar que la altitud conseguida no se atribuyó en gran parte (si es que en alguna) al efecto rebote de mi colchón sobre un tablón de madera que podría calificarse de nulo (he visto barrigas con mucho más efecto rebote que mi colchón)

gordo

Enciendo el ordenador con el corazón en la mano (esto es una expresión, por si alguno se asusta… ¿Cómo narices iba a tener el corazón en la mano si tenía que teclear a toda velocidad? Carece de sentido…) En fin, la cuestión es que en menos de un minuto accedo, de nuevo, desde mi correo a la página de compra de billetes. Esta vez introduzco mi otra tarjeta, la reservada para ocasiones especiales ya sabéis. Cruzo los dedos. Click. Aceptar. Hecho.

Sin embargo, esta página no provee con ningún tipo de confirmación de compra en el correo. ¿Habría funcionado esta vez? ¿O estaría realmente mi viaje en peligro? Me tuve que ir a la cama con aquella duda taladrándome la cabeza. Susurrándome al oído, ¿acaso aún no te has dado cuenta que siempre es el español el que acaba mal en todos los chistes?

El contador de arena

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